A veces la vida nos invita a cambiar de camino cuando menos lo esperamos.
Hace años, cuando estaba cerca de los 40, mi salud no atravesaba un buen momento. Sufría problemas importantes de espalda y me enfrentaba a una posible operación por dos hernias discales. En aquel momento buscaba una solución y alguien me recomendó probar yoga antes de tomar la decisión de pasar por quirófano.
Reconozco que al principio no confiaba demasiado. Ya había practicado otras disciplinas, como pilates, sin sentir el cambio que necesitaba, y no imaginaba que el yoga pudiera transformar mi situación.
Pero decidí probar.








